“La cirugía plástica debe ser un recurso para aquellas personas que necesitan corregir imperfecciones en su físico para proyectar seguridad que redundará en éxito en su vida, pero cuando éste se vuelve una obsesión y limita su día a día, debe ser tratado por especialistas y nunca ser aprovechado por los cirujanos plásticos para comercializar su trabajo a través de estos trastornos”, así lo aseguró el doctor Mauro Escalante, médico Cirujano y presidente de la Corporación Princess Factory.

Esto es lo que es llamado “trastorno dismórfico corporal” que es un trastorno obsesivo que consiste en una preocupación fuera de lo normal por algún defecto, ya sea real o imaginado, percibido en las características físicas propias (autoimagen).

Para el doctor Escalante dicho trastorno “se basa en personas que nunca están conformes con los resultados que se obtienen en una cirugía plástica, o tienen expectativas muy elevadas o muy bajas de dicha cirugía, y siempre están en la búsqueda continua de un resultado mejor. Eso lo vemos en personas que imitan físicamente a ídolos de TV o de cine”.

Escalante explicó que este trastorno va mucho más allá, ya que dichas personas que buscan mejorar su apariencia física, se someten infinidad de veces a cirugías plásticas, hasta el hecho de poner en riesgo su salud y belleza, para lograr un resultado que no alcanzan, porque sencillamente nunca estarán conformes y su mente detectará siempre detalles o aspectos físicos que por lo general no suelen tener.

“Este trastorno es una realidad, y nosotros como cirujanos plásticos tenemos la obligación de asesorar y ayudar a los pacientes que llegan a consulta, no solo hacer lo que ellos nos indiquen que necesitan si realmente percatamos que no es así, y que va en detrimento de su salud”, explicó el especialista en medicina estética.

Escalante añadió que las causas de este trastorno difieren de una persona a otra, pero que la mayoría de los investigadores creen que podría ser una combinación de factores biológicos, psicológicos y ambientales de su pasado o presente. Malos tratos, abuso o abandono pueden ser también factores contribuyentes.